Consejos para ayudarle
Ante todo, debes darle ejemplo. Intenta poner en práctica todas las
normas que le has enseñado. Los niños aprenden por imitación y le será
más fácil aprenderlas todas si ve a sus padres cumpliéndolas.
A pesar de ello, alguna vez puedes simular que te equivocas para que
vea que no pasa nada si mete la pata. Así te corregirán ellos y
reforzarás el hábito. Cuanto te confundas, haz siempre un comentario del
tipo: “¡Mira a mamá, también se equivoca!”.
No le enseñes todas las normas a la vez o le volverás loco. Debes ir
poco a poco mostrándole cómo se come correctamente y corrigiendo lo que
haga mal. Pero no le hagas una lista enorme de reglas, le parecerá
imposible cumplirlas todas y se desanimará.
No debes regañarle cuando haya más gente delante (sobre todo si está su
hermano o primo mayor al que quiere impresionar). Podéis disponer una
frase secreta que sólo vosotros entendáis para que corrijas lo que está
haciendo mal sin que los demás se enteren. Por ejemplo, si quieres que
quite los codos de la mesa, busca una afirmación que empiece por CO:
“¿Cómo se llamaba ese amigo tuyo que vino el otro día?”. Así él sabrá a
qué te refieres pero no le harás pasar vergüenza.
Muéstrate efusivo y alábale cuando vaya haciendo progresos. Un beso
tuyo después de comer o un cumplido le harán más feliz que cualquier
regalo del mundo.
No te muestres impaciente ni le grites si después de varios días
enseñándole aún pone los codos en la mesa o mastica con la boca abierta.
Cualquier aprendizaje requiere su tiempo.
Una buena herramienta que ayuda al trabajo educativo es inventarse
algún juego para que comprenda mejor las reglas y le resulte más fácil
aprehenderlas. Por ejemplo, inventad un cuento o una canción que
contengan las normas que se deben seguir a la mesa. También podéis
practicar con sus juguetes, preparando un banquete imaginario con sus
peluches y sus muñecas.
Lo importante es que se creen unos hábitos a la hora de la comida y que
tu hijo gradualmente vaya adquiriéndolos, sin agobios ni prisas puesto
que al fin y al cabo, es todavía un niño.
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